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recompensas para el más allá, para el Reino de los Cielos. Que eso es lo fácil, lo cómodo. Es desentenderse de las realidades tem– porales. Pero uno pregunta: ¿Por qué Cristo, que no se buscó una vida fácil, ni se desentendió de los hombres, dice: "vuestra recompensa será grande en el cielo?". Está bien luchar por mejorar este planeta que Dios nos ha da– do para habitar y conquistar. Para mejorar la vida de cada cual, sobre todo de los más necesitados. Pero... -y siempre quedará ese pero- en esta tierra no habrá perfecta igualdad en la posesión de bienes, en el bienestar, en los consuelos, en la felicidad, en la alegría, en el trabajo y en la paz. Algunas veces increpamos a Dios porque las cosas no mar– chan bien, cuando somos nosotros los que ponemos frenos a la má– quina de la vida. Mas el proverbio de que "los molinos de Dios muelen despacio, pero hacen una molienda muy fina", y que "Dios no tiene prisa, pero siempre llega a tiempo", quieren decir que el Señor tiene en cuenta todo para el día de la recompensa. Porque habrá un reino para los pobres de espíritu, y un con– suelo para los que sufren y lloran, y una justicia cabal para los que tantas injusticias han tenido que sufrir, y una misericordia para nosotros pecadores, y .la felicidad de la visión eterna de Dios para los limpios de corazón. Y para todos -porque todos trabajamos por la paz, al menos eso dicen los periódicos- una paz que supe– ra a la de los tratados y sueños humanos. Creo que merece la pena dar cualquier cosa por conseguir eso. Por ello Cristo dijo aquella frase tan abrupta: "Si tu ojo te es motivo de escándalo, arráncatelo. Si tu mano o pie te son motivo de escándalo, córtatelos. Pues más te vale entrar sin un ojo, sin una mano o sin un pie en el cielo, que con los dos ojos, las dos manos y los dos pies ser arrojado al infierno". Dios no lo quiere para nosotros, sus hijos. El quiere que sea– mos bienaventurados en el reino de los cielos. -429-
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