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¡ V E N , S E Ñ O R J ES U,S.! "El Espíritu y la novia dicen: ¡Ven! El que lo oiga, que repita: ¡Ven! El que tenga sed y quiera, que venga a beber de balde el agua de la vida. El que atestigua esto responde: "Sí, vengo en seguida". -Amén. ¡Ven, Señor Jesús! La gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén. (Apoc 22, 17. 20-21). Y al fin de la oración. Y siempre la oración será diálogo con El. Y cuando la enfermedad nos postra, nos queda mucho tiempo para orar. Parece como que se para el mundo. Mejor, nos paramos nosotros. Todas nuestras actividades cesan. Aquello que era urgente tiene que estar quieto. Nos creíamos imprescindibles, pero nos damos cuenta de que no. Nos creíamos algo y éramos nada. Se hacÉl el reposo, la quietud, la humildad en nuestro entorno, y surge dé pronto, como sin sentirlo, el clima más propicio para la oración. Una oración especial. La oración del que sufre. De quien se siente hundido en el pozo de su propia impotencia y grita hacia arriba, hacia la luz, pidiendo auxilio. Llamando a aquel que nunca abandona, al que siempre escucha, y socorre, y... ¿Cuántas cosas se pueden decir a Jesús en medio del dolor? Si sabemos aceptarlo es la mayor gracia que nos ha podido ser concedida. Nos vamos purificando sin sentir, sin querer, nos hace– mos mejores. Más cerca de él. Entonces podemos hablarle de todo y por todos. Podemos pedirle, incluso, -y es lo primero que pedimos– la rápida curación. Como él pidió que pasase de él aquel cáliz. La enfermedad se puede juzgar como un pequeño Pentecos– tés. Un Pentecostés casero. Para uso de uno mismo. Se presenta el Espíritu Santo en forma de vendaval, de terremoto, de fuego ... de enfermedad. --422-
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