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LA M:UERTE VENCIDA "Yo, Juan, ví un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el pri– mer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: -Esta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos. En– jugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado" (Apoc. 21, 1-4). Una leyenda kamba nos dice que viendo aquellas tribus del Africa oriental los estragos que la muerte hacía entre ellos, envia– ron emisarios por todo el mundo para que encontrasen un rincón en la tierra, una isla, algo, donde la muerte no existiese. Entonces to– dos se trasladarían allí. Marcharon los emisarios con la ilusión pren– dida en sus ojos, observándolo todo. Quedaron los del poblado, ex– pectantes y nerviosos, pues mientras tanto la muerte seguía segan– do vidas. Al fin llegaron y reunieron a todas las gentes para decir– les este mensaje: -Quedémonos aquí. Hemos recorrido todo el mundo. Hemos hablado, como hemos podido, con sus habitantes. Lo hemos obser– vado todo y hemos visto con terror que la muerte es la dueña y se– ñora de las vidas de los hombres. Quedémonos aquí, y muramos como murieron nuestros padres y nuestros antepasados. Pues bien en esa total renovación del cielo y la tierra entra la renovación de las condiciones de vida de los hombres. Ya no exis– tirá la muerte. Bastaría esto para captar la enorme novedad que se percibe en ello. Sin embargo la felicidad es mayor aún: no ha– brá llanto, ni luto, ni dolor. Todo eso desterrado de ese mundo -412-

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