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UNA MALA NOTICIA "Los muertos fueron juzgados según sus obras, escritas en los libros. El mar entregó sus muertos. Muerte y Abismo entrega– ron sus muertos, y todos fueron juzgados según sus obras. Des– pués Muerte y Abismo fueron arrojados al lago de fuego --el lago de fuego es la segunda muerte--. Los que no estaban es– critos en el libro de los vivos fueron arrojados al lago de fuego. Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y fa primera tierra han pasado y el mar no existe" (Apoc. 20,12c- 15.21,1). En estas descripciones apocalípticas es donde las imaginacio– nes de los oradores se explayan para aterrorizar las mentes de los sencillos. Que los retorcidos no se amedrentan a fuerza de voces. Pero dejando a un lado las descripciones apocalípticas una cosa es cierta: Existe el infierno. Esa es la mala noticia. Una noticia de la que no hablan los periódicos, las revistas, la radio, la televi– sión y casi ni los libros religiosos. Se teme hablar del infierno por el temor de parecer anticuados. Por no estar en órbita con los tiem– pos. Con las nuevas corrientes del pensamiento. Y nada puede es– tar más cerca de la verdad que Ja verdad misma. Y la verdad del infierno es algo de lo que no podemos dudar. Es una verdad de fe. La Iglesia la ha definido. Pero dejando aparte las definiciones, está suficientemente claro en toda la Biblia la existencia del infierno. El hombre moderno, que a pesar de la masacre de las últimas guerras, es muy sensible a la compasión, a la misericordia, no acierta a compaginar la existencia del infierno con la existencia de la misericordia de Dios. Le parece casi imposible que una de las dos pueda existir. Nosotros no podemos dudar de la existencia de ninguna. La dificultad, aunque a algunos les pueda parecer muy fuerte, se cae por su base. ¿Quién hizo más por el hombre que Dios? ¿Quién se esforzó más para que el hombre no fuese al infierno? El -408-
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