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A pesar de que recordemos detalladamente nuestra vida, sin duda habrá muchas cosas que se nos olviden. Sin embargo, en ese libro de la vida se registrarán todas nuestrasacciones, por míni– mas que .sean: "Hasta de las palabras ociosas tendréis que dar cuenta. a Pios", dijo Crist.o. Todas las obras buenas, aunque parez– can insignificantes. También dijo Cristo: "Hasta el vaso de agua que les déis en razón de ser discípulos míos, tendrá su recompensa en el Reino de los Cielos". Para Dios nada es pequeño si el amor y la intención con que lo hacemos es grande. No se trata de lograr un libro grandioso, de lujo. Se trata de hacer las cosas bien. No se trata de hacer "cosas extraordinarias, sino las ordinarias extraordi– nariamente bien". Santa Teresa de Lisieux contaba una anécdota de un gran se– ñor feudal que quiso levantar una catedral a Dios. Cuando terminó de hacerla, orgulloso de su obra, la contempló con admiración, se sintió pleno de vanidad y mandó grabar en la entrada de la puerta -por donde todos debían pasar, hasta el Obispo-, en una gran lápida, su nombre, apellidos y títulos. Pero he aquí que al día si– guiente habían desaparecido nombre, apellidos y títulos... Apare– ció, en cambio, un nombre de mujer desconocida. Mandó borrarlo y poner de nuevo todo lo suyo. A la mañana, otra vez, el nombre desconocido. Pensó que de noche alguien se lo borraba y grababa el otro en son de burla. Era como un sabotaje, una ofensa. Estaba irritadísimo ... Mandó montar una guardia. Y seguía desapareciendo su nom– bre y apareciendo el otro. ¿Sobornarían a los guardias? Vigiló él mismo. Y aquella noche también desapareció su nombre y apare– ció el nombre de la mujer desconocida. Era cosa de milagro. Man– dó buscarla. Después de muchas indagaciones dieron con ella. Era una pobre aldeana, muy piadosa, que vivía junto al río. la llevaron a la presencia del gran señor. Temblaba. la inte– rrogaron: -¿Qué hiciste tú? -405-

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