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EL LIBRO "Yo, Juan, vi un trono blanco y grande, y al que estaba senta– do en él. A su presencia desaparecieron cielo y tierra, porque no hay sitio para ellos. Vi a los muertos, pequeños y grandes, de pie ante el trono. Se abrieron los libros y se abrió otro li– bro, el registro de los vivos" (Apc. 20 11-21). El libro... Ahora se editan millones de libros. Se ensalza el li– bro diciendo que un libro ayuda a triunfar, que es el mejor amigo del hombre. Se ha celebrado el año internacional del libro y sin du– da vendrán nuevas celebraciones; Quizá con todo ello hemos re– cordado aquello que nos dijeron de niños: Que había un libro en el cielo donde se iban grabando nuestras vidas: las obras buenas; ¿Fantasías? ¿Fábulas? Si hemos escuchado con atención la lectura del Apocalipsis nos damos cuenta de que no son fábulas. Que eso corresponde a una gran verdad. Nada se le pasa a Dios. Y a su hora lo tendrá en cuenta para nuestro bien o para nuestro mal. Pidamos al Señor que sea para nuestro bien. Nuestra vida es como un libro: Todo libro tiene un título: el nombre que nos pusieron en el Bautismo. Suelen tener, muchos li– bros una dedicatoria: La Santa Confirmación. Todos los libros tie– nen cantidad de erratas. Pero muchos ponen al final su fe de erra– tas, sus enmiendas. Como los hombres pecadores, que confiesan sus pecados y hacen su propósito ... Y todos los libros tienen su final. Detrás viene meramente el ín– dice, donde se recogen los capítulos. Como en la vida, al final di– cen que se recuerdan los hitos sobresalientes del vivir. La vejez vive de recuerdos. Cuando la vida se va, se recuerda más lo que la vida ha sido. -404-

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