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alma, pues el alma en gracia es templo de la Santísima Trinidad, y propiamente ya tiene el cielo dentro de sí. Pues tener al Dios del cielo es tener todo el cielo en sí. Es importante vivir en gracia de Dios. Siempre. Sin descuidos. Saber para ello pedir el, perdón a los ministros del Señor en el sa– cramento de la penitencia o directamente al Señor en el acto de perfecta contrición, cuando la cosa urge. Entonces la muerte no nos puede hacer ningún mal, es el billete para esas playas eternas donde nos espera el gozo sempiterno y el sol resplandeciente de la gloria que nos hará felices para siempre. Es importante, pues, obrar bien. Las obras nos acompañan para siempre. No hay duda. San Juan Bosco solía contar el siguien– te apólogo: Llegó la hora de la muerte para un hombre muy rico y muy poderoso. Viéndose desamparado de la vida pidió socorro a las riquezas, para pasar el trance amargo de la muerte. Las riquezas le dijeron que ellas nada podían hacer, ellas se quedaban aquí, del otro lado. De la vida tenía que salir desnudo, como había llegado a ella. Pidió auxilio a sus amigos. Le dieron buenas palabras. Pero, claro, todos querían continuar viviendo y, además, estaban en sus mismas circunstancias. ¿Qué iban a hacer ellos por él en la otra vida? Se volvió a sus familiares que tanto le querían. Estos se limi– taron a llorar. Le prometieron rezar por él, pero tenía que marchar solo para la otra vida. Al fin se acordó de que algo bueno había hecho. Invocó a sus buenas obras, y éstas se acercaron presurosas para decirle que no le abandonarían nunca. Que estarían a su lado en el tribunal de Dios. Que clamarían a su favor en aquellos momentos. Que... El pobre moribundo se sintió confortado. En realidad, se re– cuerda en ese apólogo" lo ,que el Apocalipsis, "palabra de Dios", nos anuncia: ... "que descanse de sus fatigas, porque sus obras le acompañan". -401-

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