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LAS OBRAS "Yo, Juan, oí una voz que decía desde el cielo: ¡Dichosos ya los muertos que mueren en el Señor! Sí ( dice el Espíritu), que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompa– ñan" (Apoc 14, 13). Si algo necesita el hombre actual, es el descanso. Es un ser fatigado, apresurado. La prisa le pincha como una aguja que siem– pre marca más. El hombre necesita descansar. No le basta el fin de semana. Ni las vacaciones anuales. Muere de infarto porque la prisa le destroza el corazón. Y he aquí que la lectura de hoy nos dice: "¡Dichosos los muer– tos que mueren en el Señor! Sí (dice el Espíritu), que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan". Todos conocemos la anécdota que se cuenta de varios santos fatigados hasta el límite último de sus fuerzas, trabajando por las almas. Les suplicaban que descansasen algo. Y ellos respondían, invariablemente: "Descansaré en el cielo". Lo mismo dijo Andrés Segovia, el gran guitarrista español, no hace mucho tiempo. Esto vale también para nosotros, aunque no seamos santos y no nos afanemos hasta ese límite por el bien de los demás. Por ello decía Machado en diálogo poético con su madre: -"Hijo, para descansar es necesario dormir, no pensar, no sentir, no soñar... -Madre, para descansar, morir". Por eso, y en ese sentido, decimos nosotros de los muertos: "Descansen en paz". O "dales, Señor, el descanso eterno". Y es justamente lo que Dios les quiere dar: El descanso y la felicidad eterna. Para ello hay que morir en el Señor. Morir en el Señor es morir en gracia de Dios. Es morir con Dios dentro del -400-

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