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AMOR AL PROJIMO "Queridos hermanos: Nosotros hemos pasado de la muerte a la vida: lo sabemos porque amamos a los hermanos" ( 1 Jn 3,14). "Nosotros hemos pasado de la muerte a la vida: lo sabemos porque amamos a los hermanos". Se habla, en esta carta de San Juan, de la vida de la gracia. Pe– ro también -y vamos a insistir en ello- del paso a la vida eterna. En esta hora de muerte y de luto, es bueno hablar de la vida. La vida sigue. No sólo para nosotros, sobre todo para este ser que ha ido a la casa del Padre y que ha recibido el premio de sus carida– des en la tierra. Toda la doctrina de Cristo, todo el Evangelio, se condensa en una palabra: amor. El amor es la ley de Dios. El amor es el nuevo mandamiento de Cristo. El amor es la piedra de toque para saber si somos o no somos cristianos: es. nuestro distintivo. Y aunque a la sagrada palabra del amor se la profane mucho, y sea, a veces, como la falsa moneda que rueda como buena por la vida, el amor cristiano es la moneda para comprar el cielo. Porque en la última hora, a nosotros, como a todos los cristianos y a todos los hombres, se nos juzgará sobre el amor. Sabéis perfectamente que la caridad es la virtud sobrenatural por la cual amamos a Dios por ser quien es, y al prójimo y a nos– otros por amor de Dios. Por tanto, poco importa que amemos a DiÓs directamente o a través del prójimo, pues el motivo es siempre Dios. El motivo -amor de Dios- es el motor que pone en funcio– namiento esa maravillosa virtud. Podemos decir que es mejor amarle a través del prójimo. Y más seguro. Porque el prójimo es la imagen de Dios. Dios se ha encar- -394-

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