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NOTA PASTORAL XV (I Sán Juan 3, 14-16) Podemos saber si uno se encuentra ya aquí abajo en posesión de la verdadera vida, y que, por tanto, seguirá disfrutando de ella una vez muerto, viendo cual ha sido su relación con el prójimo. El que ama a su hermano es porque la Vida habita en él (v. 14); cfr. 1 Jn 4, 7-10). Esa Vida, en cambio, se pierde con el odio. El que odia es un homicida (v. 15), que en último término se destruye a sí mis– mo (cfr. Gen 9,6) cerrándose al Amor vivificante (v. 16). _:393_

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