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esperanza nos fue infundida en el bautismo que nos marcó como cristianos. Pero bien sabemos que esa raíz no podemos dejarla morir en el desierto de la vida, a pesar de todos los pesares, y un día esa raíz florecerá en el cielo. De eso estamos completamente seguros. Pdr ésa seguridad vivimos y esa seguridad nos ha dado Cristo. Y eso es lo que suplicamos a nuestra Madre la Virgen: ... "Y después de este .destierro muéstranos a Jesús fruto bendito de tu vi.entre'~. -392-
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