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RIJOS DE DI O,S "Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él" ( 1 Jn 3,1). En un cuartel italiano hicieron una encuesta entre los solda– dos. Había toda clase de preguntas, sobre ellos y sobre sus familias. Una pregunta era así: -¿Quién es tu padre? Y un soldado respondió: -Mi padre es Dios. ¿Sabía aquel muchacho lo que respondía? ¿Lo consideraron una burla? Sin duda que él sí sabía lo que decía y el porqué. A lo mejor los jefes se burlaron de él. Se pudo cumplir lo que nos dice hoy San Juan en su carta: "El mundo no nos conoce porque no le conoció a él". Debemos reflexionar sobre esa gran verdad, que es el eje sobre el que gira el mensaje cristiano: Dios es nuestro Padre. El concepto que los judíos tenían sobre Dios era el de un gran Señor que hacía temblar los cielos y la tierra. Su nombre no se po– día pronunciar. Su rostro no se podía ver... El que viese el rostro de Dios moriría. Por ello, cuando lsaías tuvo la visión de los querubi– nes que manifestaban la gloria de Dios, se tiró a tierra, cerró los ojos, pegó su frente sobre el suelo y esperando lo peor gritó: "¡ay de mí! ¡perdido soy!". Y llegó Jesús, y nos dijo algo que quizá después de veinte si– glos de cristianismo no hemos comprendido suficientemente, pues nosotros también tenemos un concepto terrorífico de Dios. Cristo dijo: "No llaméis a nadie padre en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre; el que está en los cielos". Dios. Y cuando los apóstoles le pidieron que les enseñase a orar. .. La oración es coloquio del alma con Dios. Jesús no les dijo: "Cuan– do oréis decid: Señor Altísimo, omnipotente, dueño de nuestras al- -388-
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