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DE MAS PRECIO QUE EL ORO "La tuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas di– versas; así la comprobación de vuestra fe es de más precio que el oro que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego lle– gará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Je– sucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis y creéis en él y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salva– ción" (1 Ped 1, 5-9). En estos tiempos de máxima cotización del oro, ¿puede haber algo que valga más que el oro? Pues sí. Lo acabamos de oír. La fe. Aunque la fe esté en crisis. En esta crisis de fe, hay varias cosas seguras respecto a la fe: Que es un don de Dios. Una gracia. Que vale más que el oro, Y que se prueba, como éste, en las dificultades. Lo cual no r.os extraña nada. Pues fe es seguir a Jesucristo. Y seguirle en dulzuras, no es seguirle, es contradecirle. Santo Tomás escribió atinadamente: "Todo creyente se adhie– re a la palabra de alguien. De modo que lo principal, y lo que tie– ne en cierto sentido valor de fin en todo acto de fe, es la persona a cuya palabra damos la adhesión. El detalle de las verdades afir– madas en esta voluntad de unirse a alguien, tiene un carácter más bien secundario". Nuestra fe es creer en Jesucristo. Al que no hemos visto, pero sabemos que existió, que habló, que nos dejó su Evangelio. Este aspecto de la fe aparece claro en la carta de San Pedro que no hacemos nada más que comentar. También nos habla sobre la finalidad de la fe, que es para la salvación. No es para amontonar conocimientos en la trastienda de nuestro cerebro, sino para salvarnos. -380-

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