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LA UNCION DE LOS ENFERMOS "¿Está enfermo alguno de vosotros? ,Lfame a /os presbíteros de la Iglesia, y que recen sobre él, después de ungirlo con óleo, en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al en– fermo, y el Señor lo curará, y si ha cometido pecado, lo per– donará. Así, pues, confesaos /os pecados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis. Mucho puede hacer la ora– ción del justo" (Sant 5, 14-16). Quizá no haya ningún sacramento con peor cartel que este sacramento de la Unción de los Enfermos. Le perjudicaba, como hemos afirmado en alguna parte, el nombre de Extremaunción .. Y aún más el dejarlo justamente para el final cuando la cosa no te– nía remedio. Entonces la gente, familiares o no, asociaban el sa– cramento a la muerte inminente. El mismo enfermo se asustaba: -"¿Tan mal estoy que me tienen que dar eso?", así oí decir a más de uno. Aunque también tengo que testificar que se asustan menos de lo que pensamos. Ellos. desean en esos trances supremos, cual– quier auxilio, y por eso una vez recibido el sacramento, descendía una gran paz sobre ellos. Era la gracia del sacramento que produ– cía su efecto. Vemos, por la carta del apóstol Santiago, lo que fue el sacra– mento de la Unción de los enfermos desde el principio, y lo que debió ser siempre. Las cosas las comptiearon los hombres. Y lo sencillo se tornó enrevesado. Afortunadamente las reformas posconciliares han puesto mu– chas cosas en su justo lugar. Y una de ellas es ésta, con la recien– te publicación del "Ritual de la Unción y de la Pastoral de Enfer– mos". Copiamos textualmente los números 6 y 7 de las "Praenotanda" o introducción. Dice así: -374-

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