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Matallana- que cayó de un av1on lleno de pasajeros en plena sel– va, donde estuvo perdido, con los demás, durante un tiempo que se les hizo inmenso, cuyo drama escribió eri su libro "Luz en la selva". Pues bien, contaba él personalmente, que en el momento de ir perdiendo altura, cuando llegaban a las copas de los árboles que les .sirvieron de freno, el sintió encendérsele una luz divina en su aima. Decía él: "Como en esas iglesias que están llenas de bom– bi llitas, y de repente se da a la llave y todo se ilumina". Algo pa– recido. Y decía él: "Sentí entonces que todas las oraciones que ha– bía hecho a lo largo de mi vida y que aparentemente Dios no me había escuchado, me las tenía reservadas para entonces". Y efec– tivamente el milagro se hizo. No tuvo un rasguño, se puso al fren– te de todos. Enterró los cadáveres, curó a los enfe~mos. Organizó la alimentación de todos. Confesó a varios y les ayudó a b.ien mo– rir, bautizó a un protestante y ... al fin fue el instrumento de salva– ción para todos. Porque gracias a un gesto desesperado y provi– dencial les encontraron ... Me imagino la de veces que pediría ardientemente a Dios tan– tas cosas y quedaría defraudado, hasta que el fin, la luz se hizo en su alma... Como en el caso de Cristo, que pidió, y pidió... ¿Por qué ro– gaba Cristo si ya estaba escrito que tenía de morir, y la manera de muerte? Sencillamente para darnos ejemplo de eso, para conec– tar con el Padre, para ponerse en sus manos y para enseñarnos que toda oración tiene que ir con ese final cristiano: "No se haga mi voluntad sino la tuya". Dios, sabe muy bien lo que nos conviene en orden a la salvación de nuestra alma -principal negocio de la vida- y es el Padre que aunque parece castigar ama, para que lleguemos a esa meta suprema. Por ello es importante saber aban– donarse en sus manos. Rogar mucho, por todas las cosas,. aunque parezcan nimiedades, pero siempre, siempre, con la confianza pues– ta en que él sabe mejor lo que nos conviene y nos lo dará. Que él escucha siempre. Que él anhela ese diálogo amoroso, filia:! y pater– nal, de la oración. -367-

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