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MISERIA Y MISERICORDIA "Hermanos: Tenemos un Sumo Sacerdote que penetró tos cie– los -Jesús, el Hijo de Dios- Mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pue– da compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo, igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar mi– sericordia y hallar gracia para ser socorridos en el tiempo opor– tuno" (Hebr. 4, 14-16) (U. E.) Hace años un periodista norteamericano consiguió, mediante un tratamiento médico, adquirir un color y una fisonomía de negro. Lo hizo para saber experimentalmente el trato que recibían los ne– gros en la ciudad de Nueva York, y en otras ciudades de Estados Unidos donde está la discriminación a la orden del día. Pasó como negro, sufrió como negró, fue despreciado como negro, y escribió un relato sensacionalista. Fue el premio de sus pocos meses de experiencia negra ... A nosotros no nos causa sensación el que Cristo se haya he– cho hombre con todas sus consecuencias. Quiso ser como uno de nosotros, igual en todo, menos en el pecado. Pero cargando con nuestros pecados con todas sus consecuencias ... Lo tenemos archisabido, archirrepetido, y no nos causa la más mínima sensación. Y sin embargo... Toda la historia de Cristo está llena de sufrimientos, despre– cios, y cruz. Así mostró su amor por nosotros. San Pablo, y con él todos los hombres, dicen que así convenía, para que estuviese más cerca de nosotros y nosotros más cerca de él. Por eso en uno de los himnos pascuales se dice: "¿Cómo te encontraremos al declinar el día si tu camino no es nuestro camino? -362-
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