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PALABRA DE DIOS "Pero la palabra de Dios no está encadenada. Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcan– cen la salvación lograda por Cristo Jesús con la gloria eterna" (2 Tim 2, 9-10). Nunca como ahora se ha repetido tanto esta frase: "Palabra de Dios". Es ya un rito litúrgico. Es lanzar un reto a la mentalidad de los hombres impermealizada ante ideas que no le entren por la imagen de la pequeña o de la grande pantalla, de los pequeños o los grandes anuncios. Cualquier idea trascendente, parece que res– bala en la mente del hombre de hoy. Sin embargo la palabra de Dios es corno una semilla. Y la se– milla es capaz de florecer debajo del asfalto y romper la costra de cemento que la separa de la luz. Recuerdo aquella trama policíaca donde se cornete un crimen. Hay que ocultar el cadáver. Se busca una carretera en construc– ción. De noche se esconde el cadáver en el fondo. A la mañana las máquinas echaron toneladas de tierra y piedra sobre él. Luego el conglomerado. Luego el impermeable del asfalto que no deja pasar ni el agua. Pero resulta que el muerto llevaba unas semillas en el bolsillo. Llegó el invierno, las nieves, el hielo que tumbó a muchos coches en el asfalto. Luego la primavera. Florecieron las semillas enterradas en los bolsos del muerto y rompieron la costra del ce– mento para dar una pista a la luz del cielo. Tú, siembra la palabra de Dios. Nadie la podrá aherrojar. Sem– bremos mucho. Habrá simiente que se pierda, habrá quien la pise despectivamente como hacen los puercos con las margaritas pre– ciosas, pero habrá mucha semilla que arraigue, que brote, que flo– rezca, que dé fruto. Nadie puede aherrojar la palabra de Dios. Con tal de que sea la palabra de Dios. Y pienso que a la hora de explicar la palabra de Dios no podemos deformarla. No nos pue– de servir como trampolín de lucimiento, como cátedra para cierra- -356-

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