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bién se dijo entonces: "La sangre de los mártires es semilla de cristianos". Ahora, después de veinte siglos de cristianismo. Sabiendo cuál es el Evangelio. No como entonces que se estaba escribien– do. Con una doctrina definida por la Iglesia. Con un. canon, que significa regla, norma, sendero seguro por donde camim1.r, esta– mos casi en las mismas. Por saturación de ideas cristianas, de multiformidad, estamos casi en las mismas. Los críticos se han metido a examinar con su lupa científica el Evangelio, a veces, despiadadamente. La conse– cuencia entre los sencillos es que han perdido el respeto a la pa– labra de Dios y a veces al contenido, casi han perdido la fe. Hoy las palabras convencen menos que nunca. Hoy se piden ejemplos. Esos ejemplos de sufrimiento, de santidad que la Iglesia está dando y que seguí rá dando, a pesar de todo. Pues este es uno de los grandes milagros de la Iglesia. Se puede hablar maravillo– samente, pero si no se está dispuesto a prestar un servicio, no se ha dicho nada. Mejor es callar. Hoy se busca una Iglesia de ser– vicio, no una Iglesia de éxito. Gentes que estén dispuestas a sacri– ficarse por los demás y por una idea. Si hay eso, el mundo se vol– verá a reconvertir. "Estáis sufriendo por nosotros, eso jamás lo ol– vidaremos". Les dijeron los gentiiles a los misioneros europeos. Es posible que hayan olvidado sus enseñanzas pero ese testimonio de sufrimiento, eso no lo han olvidado. Estoy seguro. Hablamos de reconversión. ¿No exageramos? ¿No somos to– dos cristianos? Está apareciendo la nueva cara de cristianos bau– tizados en una Iglesia que es la de sus padres y que no tienen la fe de sus padres. No creen en Dios. ¿Por qué? Sin duda habrá un cierto esnobismo, pero ellos dicen que es por los malos ejemplos, porque la Iglesia ha abusado del poder, porque los eclesiásticos se han aliado con los ricos, que se sientan en la mesa del patrón, -353-
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