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AL SON DE LAS TROMPETAS "Esto es lo que os decimos como palabra .del Señor: Nosotros los que vivimos y quedamos para su venida, no aventajaremos a /os difuntos. Pues él mismo, el Señor, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo; y los muer– tos en Cristo resucitarán en primer Jugar. Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nu– be, al encuentro del Señor, en el aire. Y así estaremos siem– pre con el Señor". (1 Tes 4, 12, 14-17a). De toda esta misteriosa carta de San Pablo se sacan varias cosas en claro: Una la de que estaba muy extendida por la Iglesia de Tesalónica la idea de la pronta venida del Señor. De la "Paru– sía". Entonces, los que veían morir a sus parientes, lloraban por– que ellos no podrían ver esa venida. San Pablo los consuela. San Pablo los instruye. Les dice cla– ramente que los muertos resucitarán para ir los primeros ai en– cuentro del Señor. Tendrán privilegio. Luego ellos. ¿Pensaba San Pablo que era eminente esa venida? Si tomamos lo escrito al pie de la letra tendremos que decir que sí. Pero nos parece muy igno– rante y muy imprudente San Pablo para afirmar eso cuando el pro– pio Cristo dice en el Evangelio que el día y la hora no lo sabe ni siquiera el Hijo. San Pablo conocía ese texto de Cristo. Lo había. predicado. Entonces hay que pensar que se trata de una figura retórica, como tantas que usó San Pablo, uniéndose a todos los hombres que creen en Cristo y creerán a través de los siglos, y quiere decir que los que vivan cuando Cristo llegue al final de los tiempos, no tienen por qué morir, para luego resucitar. Si Cristo viniese enton– ces ellos irían entre los vivos. Pero el día ni la hora nadie lo sabe. En otros pasajes de sus cartas bien que lo reafirma San Pablo. Por -344-

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