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SOLOS ANTE LA MUERTE "Hermanos: No queremos que ignoréis la suerte de los difun– tos para que no os aflijáis como hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con él (1 Tesal 4, 12-13). Ante la muerte caben tantas actitudes como hombres. Aunque él denominador común sea el dolor, y humanamente hablando no podemos encontrar una explicación razonable a la muerte, sin em– bargo tenemos que reconocer que cada hombre es un mundo dis– tinto, y nunca se muestra tan distinto como ante la muerte de un ser querido o ante la proximidad de la propia. Gentes que pensá– bámos cobardes o débiles, se muestran valientes y fuertes ante la muerte. Y al revés. Pero sí tenemos que reconocer que se dan dos posturas fun– damentales: la del optimista y la del pesimista. El cristiano debiera ser siempre optimista ante la muerte. A veces, costumbres ancestra– les han hecho de él un pesimista peor que cualquier incrédulo. Aque– llo de encerrarse, casi a cal y canto, en la casa. El no ir ni siquiera a misa, cuando sabemos que la oración y sobre todo la misa es lo que más puede ayudar a los difuntos. Aquellos ayes lastimeros... Y por contra los famosos "velorios", que eran una juerga disfrazada que a algunos les servía para ahogar la pena en alcohol y a otros pa– ra pasarlo en grande. Todo eso es anticristiano. Tenemos que agra– decer a la vida moderna, el que vaya superando, barriendo esas costumbres que de cristianas no tienen nada. Lo típicamente cristiano es la esperanza. Esa nuestra gran vir– tud. Porque esperamos somos optimistas y no nos aterra la muerte. El cristiano, aunque por temperamento sea pesimista, ha de es– forzarse para superar ese temperamento macabro y alimentar su --342-
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