BCCCAP00000000000000000000808
en marcha todos los medios de los que disponemos. Pero no pode– mos confiar en esos medios sin corazón, si nosotros no ponemos todo el corazón en ellos. Si nosotros no nos volcamos. Si falla nues– tro amor por Cristo todo eso es "como bronce que suena o címba– lo que retiñe". Porque "ser cristiano es estar impregnado hasta las raíces mis– mas del propio ser por la persona viviente de Cristo" (Leclercq) "Ser cristiano es unirse a Cristo como a alguien a quien se conoce íntimamente, a quien se ama apasionadamente y a quien se sirve heróicamente" ( R. Claune). Basta de citas. La respuesta verdadera tenemos que darla ca– da uno de nosotros, porque el cristianismo no es sólo una doctrina o una religión, sino, sobre todo, es una vida. Es Cristo: Camino, Verdad y Vida ... Si la chispa de esa vida prende en nuestra alma, si nos en– amoramos un poco de Cristo, entonces fácilmente podremos pro– clamarle ante los demás. Porque el amor es como el fuego que de– vora por dentro y tiene que asomar fuera por las lenguas de las lla– mas. Cuando eso llega sobra todo lo demás. El amor presta pala– bras a los labios. Se repite, quizá la misma palabra con distinto acento. En el caso concreto la palabra: Cristo. San Agustín, que tanto buscó el amor, que tanto buscó a Cris– to. Que recorrió dos continentes, con una inquetud espoleándole el alma, dijo aquella frase: "O belleza siempre antigua y siempre nue– va, ¡qué tarde te conocí!". Y esa belleza es Cristo. El antiguo Cristo que aparece anun– ciado desde siempre, como decíamos, proclamado en el Evange– lio y en los apóstoles, y que es un descubrimiento para cada uno de nosotros. Lo que importa, al descubrirlo, es tener en cuenta todos los da– tos antiguos. Para anunciar un mensaje completo. Porque un Evan- -339-
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz