BCCCAP00000000000000000000808

EL MISTERIO DE DIOS "Me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Igle– sia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el miste– rio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a su pueblo santo. Dios ha querido dar a conocer a los suyos la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vos– otros la esperanza de la gloria" (Col 1,24-27) (U.E.). Misterios hay muchos. Estamos rodeados de misterios. Co– menzando por nosotros mismos, que continuamos siendo una in• cógnita, de tal manera que el dicho antiguo es moderno: "Conóce– te a ti mismo". Pero los grandes misterios están en el orden sobrenatural. Y uno que nos tiene que hacer pensar es justamente éste que procla– ma aquí San Pablo: eso de que él suple con sus padecimientos lo que falta a las tribulaciones de Cristo ... Uno queda asombrado de que falte algo a la pas1on de Cristo, que por sí misma ya es de valor infinito, y más que suficiente para redimirnos a todos. Pero es que la incorporación de los cristianos a Cristo lleva consigo esas consecuencias. Por eso, en la célebre encíclica de Pío XII, "Mystici Corporis", se escribe: "Misterio verdaderamente tremendo y que jamás se medi– tará bastante; que la salvación de muchos dependa de las oracio– nes y voluntarias mortificaciones de los miembros del cuerpo mís– tico de Jesucristo". Resulta que el Salvador necesita cooperadores, ministros, y San Pablo se proclama ministro suyo de muchas maneras, una de -336-

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz