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lio, que nos hacen suspirar por los bienes de arriba. Ser santos es ni más ni menos que ser fieles al Evangelio. Y ya es,J>astante. Dejemos ya ese concepto periclitado de que la santidad con– siste en hacer cosas extraordinarias. No. El santo que ante la ca– nonización de un San Francisco dijo: "Yo seré el siguiente", San Francisco de Sales, escrrbió: "La santidad no consiste en hacer co– sas extra_ordinarias, sino en hacer lo ordinario extraordinariamente bien" . .. . E3uen.o. será que pensemos que la santidad consiste básica– mente en cumplir el deber cotidiano. No en una multiplicación de oraciones, devociones, mortificaciones, y otra serie de consonan– tes terminadas en es. Sino que "es" eso que Dios nos ha dado que hacer en la vida. Nuestro quehacer. "En la salud o en la enfermedad, en la vida corta o en la larga, en la prosperidad o en la adversidad". Siempre y en todo. Sin fa– llos y sin fisuras. Y si los hubiera, a repararlos cuanto antes. Y siem– pre firmes en la fe y en la. esperanza. No meramente en la iglesia. Hay quienes en la iglesia se "co– men materialmente a los santos" y al santo de los santos, por aque– llo. de. que comulgan todos los días, y sin embargo luego ... . . Esos hacen una faena al cristianismo, a la Iglesia y al propio Cristo. Muchos por culpa de esa muralla de cristianos que se tie– nen por muy cristianos y devotos y luego se comportan pésimamen– te como personas, dejan la religión. "Porque son de esa clase de personas que a mi me obligan a ser ateo". "Esos hombres que si ellos son cristianos yo me hago. mahometano, y si ellos fueran ma– hometanos yo sería cristiano". Podrán ser disculpas, pero... No olvidemos que la "Gaudium et spes", en su número 19 dice: "Por lo cual, en esta génesis de ateísmo pueden tener parte no pe– queña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctri– na, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión". Seamos santos, porque Dios es santo, y para que el mun– do sea santo.. -335-
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