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A LOS EMIGRANTES CON AMOR "Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe" (11 Cor. 5, 6-7). La emigración es un fenómeno de siempre. En cada época tie– ne sus características. Aunque siempre como denominador común tenga el de la necesidad de la subsistencia. Modernamente son millones los emigrantes. Gentes arranca– das de su tierra por necesidades de trabajo y de ganarse el pan. nuestro de cada día, o con el anhelo de mejorar económicamente. A veces vienen con un coche deslumbrante. Pero es la fachada. Detrás están el dolor, la soledad, el desprecio, las lágrimas furtivas. ¡Cuántos dicen, si pudiera quedarme, pues yo allí solo! ¿Por qué no llevas a la familia? No puede ser. Los pisos esca– sean como aquí. Además el niño -esto sucede en algunas nacio– nes- tendría que adoptar la nacionalidad del país, durante unos cuantos años no podríamos sacarlo de allí. Y yo allí no quiero quedar– me. ¡Si pudiera quedarme aquí, con los míos! Muchos buscan cual– quier trabajo y se quedan. Pero cualquier trabajo, a veces muy eventual, no les vale. Y vuelven a emigrar. Son gentes que merecen un monumento. Y también las madres. Muchos se lo han levantado. También en Gijón en un rincón del mar, han hecho una estatua modernista de la madre del emigrante, que muchos llaman "la llaca". Porque aparece exhausta, esquelética, des– melenada y trágica. Es como la madre que se ha vaciado por sus hijos. Pienso que la muerte es un destierro. Una separación de los seres queridos. Y ese dolor que sentimos al tener que decir adiós a alguno que se va al extranjero, Dios sabe hasta cuando, lo sentí- -310-

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