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EL DIVINO ARQUITECTO "Porque sabemos que si esta tienda, que es nuestra habitación terrestre, se desmorona, tenemos una casa que es de Dios: una habitación eterna, no hecha por mano humana, que está en los cielos ... Así, pues, siempre llenos de buen ánimo, sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, vivimos lejos del Señor, pues caminamos en la fe y no en la visión. Estamos, pues, llenos de buen ánimo y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor. Por eso, bien en nuestro cuerpo, bien fuera .de él, nos afanamos por agradar/e" (2 Cor 5.1, 6-10). Quiero transcribir aquí, como comentario a esta perícopa de S. Pablo ampliamente comentada, lo que dice el conocido autor Tiha– mer Toth en uno de sus libros, y que él resume de una célebre no– vela francesa: "En la noche de Año Nuevo un anciano medita solitariamente, junto a la ventana de su cuarto; con angustiosa mirada mira al cielo impasible, brillante, lleno de estrellas; la tierra silenciosa, envuelta en un manto de nieve. No hay en este mundo un corazón tan árido como el suyo ni alma tan atribulada. El sepulcro se abre ya ante sus pasos; él se encamina a la sima y espantado nota, que por bagaje de su vida, no trae más que un enjambre de errores y de pecados; un cuerpo quebrantado por los placeres y un alma envenenada. Como espectros aterradores se arremolinan en su memoria los días her– mosos de su juventud: aquella espléndida mañana de mayo en que· su padre le puso por vez primera en el sendero de la vida para él desconocida; aquel momento fatal, en que él un joven de sonrientes esperanzas, pisó, en vez del cumplimiento del deber y del trabajo, aquel otro de la voluptuosidad y del pecado; camino que le pro– metía el gozo, pero arteramente le precipitó al abismo. ·Una pena indecible tortura el corazón del anciano, cuando sollozando grita -304--
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