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canso eterno. Donde el sol no se pone, porque Cristo es el sol sin ocaso, como también nos recuerda el Apocalipsis. El mismo Jesús nos advierte aquello que hemos recordado tantas veces: "No amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y he– rrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu te– soro, allí estará también tu corazón". (Mt. 6, 19-21) La cosa está clara. Y mucho más si consideramos la última sentencia de Jesús. Porque quizá a nosotros que nos han enseñado a ahorrar durante toda la vida, que nos abrieron una cartilla de ahorro antes de que tuviéramos uso de razón, que nos bombardean cada día con eso de que hagamos producir nuestro dinero al máxi– mo, subiendo escalones de valores, nos cueste eso de la despreo– cupación por el dinero. Somos hijos de la sociedad de consumo, por lo que consumimos y por la importancia que para nosotros tie– ne el consumismo y el bienestar. Pero todo hay que entenderlo. a la luz de la sentencia final. Es como una paradoja con moraleja. No pongamos el corazón en eso, porque eso pasa. Eso no es eterno. Eso se esfuma con los años, y si no con el polvo de la tumba. Eso, además no nos puede dar la fe– licidad, ni con ello podemos conseguir la eternidad. Nos podría pasar como al árabe, que toda su vida vivió en el desierto, donde el agua valía más que, el petróleo, y vino a Europa. Y encontró en un rincón cualquiera, tirado corno basura, un trozo de hielo. Pensó que era un diamante.. Con suma cautela, como quien roba una joya, se lo metió en el bolso. Pero cuando fue a echar ma– no de ello, pensando vender el diamante, se di<> cuenta que se ha– bía deshecho y además tenía mojada la chilaba. Así nos podría pasar a nosotros. Por eso pasemos por la vida de puntillas. Sin perder el equilibrio, sin dejar de pisar suelo, pero con los ojos en el cielo. Y con la pregunta en la punta del alma: "¿Esto qué sirve para la eternidad?". A lo mejor descubres en lo hondo una semilla de eternidad que tiene que florecer. -301-
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