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LO ETERNO "No nos fijemos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo que se ve, es transitorio; lo que no se ve, es eterno" (11 Cor 4, 18) Este comentario, también podríamos titularlo: El elogio del emigrante. Porque el emigrante es un ser desgajado de su tierra, de su familia, que suda, trabaja y sufre en tierra extraña con el an– he.lo de ahorrar mucho dinero y poder, un día, retornar a su patria para vivir. feliz con los suyos y con sus ahorros. Mientras está lejos sueña en la patria. Quizá la patria del sd1, de la alegría, del cariño, del idioma que le enseñaron para rezar y para amar. Vive, tal vez, en una tierra donde el sol difícilmente se despega de las brumas. Entra a trabajar de noche -¡tantos y tan– tas veces!-, y sale de noche. El sol, si acaso el domingo. Pero el do– mingo para descansar. Las ganancias son muchas, pero la jornada es dura. A lo mejor a alguno le parece una caricatura, y como toda ca– ricatura un poco exagerada. Pero... Lo que interesa ahora es que nos demos cuenta de aqueUo -tal vez a algunos les parezca exagerado y pesimista- de la Sal– ve: "los desterrados. hijos de Eva... ". Yo corregiría por hijos de Dios. Porque al fin y al cabo hijos de Dios somos, y a Dios hemos de volver. A la patria definitiva, donde está la "morada de Dios con los hombres", como nos dice el Apocalipsis. Mientras, emigrantes divinos, peregrinamos por este mundo. Pero con este vivir nuestro labramos el porvenir. De tal manera que aquella frase tan repetida por los antiguos ascetas: "¿Qué sirve es– to para la eternidad?", vale para nosotros. Podemos ahora atesorar bienes para ese Reino de felicidad donde tendrá lugar nuestro des- -300-
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