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TESORO DE GLORIA "No nos desanimamos. Aunque nuestra condición física se va– ya deshaciendo, nuestro interior se renueva día a día. Y una · tribulación pasajera y liviana produce un· inmenso e incalcula– ble tesoro de gloria" (11 Cor. 4, 16-17) (U. E.) Cuenta Ce!ano, el principal biógrafo de San Francisco de Asís, que cuando éste se convirtió a Dios y era perseguido por todos, incluso por su padre, y sufría frío y necesidad él que procedía de un familia rica, le vio un hernano carnal suyo mal vestido y tirítan· do de frío mientras se entregaba a la oración. Entonces con un to– no sarcástico le dijo al compañero, en alta voz, para que Francis– co lo oyera: "Dile a Francisco que te venda un maravedí de sudor". Francisco, con una sonrisa que valía un tesoro, le contestó: -"Ya lo venderé a muy subido precio a mi Señor". Y así fue y así es. S. Pablo nos lo acaba de recordar. Y a lo largo de sus cartas volverá a incidir en el mismo terna. Espera la justa recompensa que el Señor tiene que darle por tanto corno ha sufrido por su causa en esta vida. Esto no queda sólo para los santos. Esto es para todos. La au– téntica piedra filosofal es justamente el ofrecimiento cristiano y fiel de todas nuestras obras y toda nuestra vida al Señor. Sabéis perfectamente que la piedra filosofal, según creencia antigua, tenía la virtud de convertir los metales en oro. ¡Vano in– tento! Muchos gastaron sus ojos, sus energías y estrujaron su ce– rebros en sus cuartuchos recónditos de alquimistas sin lograr na– da. El metal, más o menos dorado, volvía a ser simple metal. Sin valor ninguno. En el orden espiritual es al revés. Aunque se desmorone el cuerpo, el espíritu va a mejor. Aquello de Osear Wilde: "Nacemos -29S:-.
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