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CLARIDAD. La sombra persigue a nuestra carne por los cami– nos de la vida. La sombra es la parodia de nuestro cuerpo. Sombra alrededor de nuestra persona, sombras ensombreciendo nuestra personalidad. Sombras en nuestra inteligencia. El mayor dramatur– go italiano de los últimos tiempos: Pirandello, escribió una novela titulada "El Difunto Matías Pascual". Aquel hombre al que la pren– sa y la familia habían dado por muerto se convence de que vive porque su cuerpo hace sombra. En la gloria la claridad será tan perfecta que no haremos ni sombra. Cristo dijo: "Los justos brillarán como el sol en el Reino de mi Padre". Un resplandor que no es uniforme. El firmamento está lleno de soles, pero no todos brillan igual. Ya San Pablo lo dijo: "Uno es el resplandor de los cuerpos celestes y otro el de los cuerpos terrestres. Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna, otro el de las estrellas. Y una estrella difiere de otra en resplandor. Así también en la resurrección de los muertos" (15, 40-42). Hay un aforismo que dice: "Es bueno en plena noche pensar en la luz". Así se espanta de las almas entenebrecidas la desespe– ración. Nosotros los que nos sentimos ensombrecidos en la vida por el dolor de nuestro cuerpo, por las enfermedades, por la pérdi– da de facultades, por tantas sombras que nos amargan la existen– cia, pensemos en esa luminosidad de nuestros cuerpos gloriosos. Procuremos, sobre todo, que en nuestras almas no se apague nun– ca la antorcha de la gracia santificante, pues esa es la semilla que nos hará soles esplendorosos después de la resurrección. Que cuando las sombras de nuestros cuerpos se saluden en mitad del camino, antes de saludarse nuestros labios, pensemos en la salutación mitad rencor y mitad esperanza de los mineros aus– triacos, en el fondo de la galería negra, al vislumbrar arriba la luz oscilante del sol: -"Salud arriba". -"Salud al sol". Así, al menos, lo cuenta la anéctoda. -291-

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