BCCCAP00000000000000000000808

EL CIELO ERES TU "Al final, cuando todo esté sometido, entonces también el Hi– jo se someterá a Dios, al que se /o había sometido todo. Y así Dios lo será para todos" ( 1 Cor. 15,28). Comencemos por el hombre. Puesto a poner más "motes" a "este pato apresurado", diría que es como un piloto que da una vuelta en coche por una carretera de circunvalación. Con una ven– taja sobre todos !os coches de la tierra, que no tiene motor, ni que– ma gasolina, por lo cual no hay peligro de contaminación. Es decir que Dios es quien le pone en marcha y le da cuerda para unos cuantos años. La vida del hombre es como una carretera de circunvalación. Parte de un punto. Parte de Dios. Dios le ha creado a través de los padres. Dios le ha creado a su medida y a su imagen y semejanza un alma por la cual ha muerto en la cruz. Dios le ha echado a an– dar por la vida. Dios le ha encomendado una misión. De Dios parti– mos. Y a Dios tenemos que llegar. Quien no llegue a Dios es que se ha extraviado a lo largo de la vida. Lo cual ni Dios, ni el hombre -en el fondo- quiere. Nuestro destino es Dios. Si el pecado nos desnivela la aguja de marear, debemos, otra vez ponerla en su si– tio, para no equivocar la ruta. Porque el deseo de Dios, lo estamos viendo en esta lectura de San Pablo, es formar un reino eterno en el cielo, con todos los hombres. Por eso el hombre es buen conductor de su propia vida tiene que terminar por encontrarse con él, en hacer que de verdad Dios sea todo para él durante toda la vida. Que pueda llegar a de– cir, cara a cara, aquello del poeta. "El amor eres tú". Entonces le podremos decir: "El cielo eres tú". Y como resulta que Dios es Amor, el cielo es Amor. Hablemos ahora de Jesucristo. El texto sagrado nos lo pone en -286-

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz