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¿Qué más se puede decir del cielo? Aquello que le hizo excla– mar a San Pablo: "Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman" (1 Cor 2, 9). ¿Qué motivos tenía para decir esto? Parece ser que él vio algo. Porque escribe en su segunda carta a los Corintios (12: 2-4): "Sé de un hombre en Cristo que hace catorce años -si en el cuer– po, no lo sé; si fuera del cuerpo, tampoco lo sé, Dios lo sabe– fue arrebatado hasta el tercer cielo; y sé que este hombre -si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé, Dios lo sabe- fue arreba– tado al paraíso y oyó palabras inefables que el hombre no puede decir". Por tanto, guardemos silencio y bástenos con la fe firme en la palabra de Dios. -280-

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