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PARA CADA UNO UN PUESTO "Hermanos: Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia, después, cuando él vuelva, to– dos los cristianos, después los últimos, cuando Cristo devuel– va a Dios Padre su reino" ( 1 Cor 15, 20-24) Que tenemos que resucitar está perfectamente demostrado y afirmado en la Escritura. Cristo mismo quiso resucitar como primi– cia de todos los creyentes y como cabeza del Cuerpo místico pa– ra que no cupiese la menor duda. Fue la suprema victoria sobre la muerte. El prefacio II del nuevo misal nos lo recuerda: "Porque él aceptó la muerte, uno por todos, para librarnos del morir eterno; es más, quiso entregar su vida para que todos tuviéramos vida eterna". Aquel día triunfal y excepcional para él y para nosotros, a ca- " da cual se le asignará un puesto de gloria y dicha en el Reino dei gran Triunfador. ¿Cuál será nuestro puesto? No podemos saberlo. La madre de Santiago y de Juan, los hijos de Zebedeo, había oído hablar tanto del reino de los cielos, que se atrevió a acercarse a Jesús para for– mularle una petición. Le llevaba a ello el ser pariente del propio Cristo, la predilección que veía en él por sus propios hijos, y el gran amor que ella, como madre, les tenía. Pidió, nada menos, los dos primeros puestos para sus hijos. "Respondiendo Jesús, les di– jo: -278-

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