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unidad es el que quiere lograr Cristo con los cristianos y de los cristianos entre sí. Bien sabemos que en el cuerpo la unión entre la cabeza y los miembros es tan grande, que, por ejemplo, cuando a uno le am– putan una pierna, le sigue doliendo, en la cabeza. Allí está la cen– tral del dolor y de la alegría. La que envía reacciones a todas las partes más diminutas del cuerpo. Perder la cabeza es perderlo to– do. Cortar la cabeza es cortar la vida. Por otra parte sabemos que entre los diversos miembros del cuerpo existe una relación que no existe con Jos miembros de otros cuerpos. Por ejemplo, entre mis dedos hay más comunión que en– tre los míos y los de mi vecino, por mucho que nos estrechemos la mano. Y creo que también estaremos de acuerdo que no hay ningún miembro inútil en nuestro organismo, y que sería el colmo de los dislates tratar de tergiversar las funciones de unos con otros. Todo esto lo entiende cualquiera. Lo que no entendemos tan bien, al menos en la práctica, es eso de unidad en la variedad. Que supone una íntima unión con Cristo. Firmemente convencidos de que vivimos su propia vida. Que estamos injertados en él. Que la savia de su vida divina -llamada gracia- corre por nuestras al– mas. Que nuestro vivir es Cristo, y que somos en Cristo. Menos nos convencemos en la práctica de que estamos uni– dos a nuestros hermanos. Que formamos un solo Cuerpo místico. Que tenemos mucho que ver con ese hombre bautizado que se lla– ma Pedro, Santiago, Juan, Roque o Román ... Que somos herma– nos. Y que como tales debemos tratarnos. Que tenemos una vida en común, y que estamos más unidos en Cristo que dos hermanos siameses. Y mucho menos practLcamos eso del respeto a la idiosincra– sia o ideología del prójimo. Que aunque formemos un solo Cuerpo, tenemos diferencias y distintas misiones. Queremos meter a todos ..;_263-

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