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VARIEDAD EN LA UNIDAD "El cuerpo tiene muchos miembros, no uno sólo. Si el pie di– jera: "no soy ojo, luego no tormo parte del cuerpo", ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el oído dijera: "no soy ma– no, luego no formo parte del cuerpo", ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si et oído dijera: "no soy ojo, luego no for– mo parte del cuerpo". ¿dejaría por eso de ser parte del cuer– po? Si el cuerpo entero tuera ojo, ¿cómo oiría? Si el cuerpo entero fuera oído, ¿cómo olería? Pues bien, distribuyó el cuer– po y cada uno de los miembros como él quiso. Si todos fue– ran un mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Los miem– bros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano: "no te necesito"; y la cabeza no puede decir a los pies: "no os necesito" (1 Cor 12, 14-21 ). Esto lo comprende todo el mundo. Porque nadie tiene tan a mano nada como su propio cuerpo. Y esta metáfora escogió el apóstol San Pablo para hablarnos de dos cosas: nuestra unión con Cristo y los cristianos, y la diferencia que existe -a pesar de la íntima unidad- entre unos y otros. Cuando se usa una metáfora se trata de comparar dos cosas, poner de realce algo. Pero siempre la comparación queda por de– bajo de la realidad. Cuando decimos, por ejemplo, que algv es blanco como la nieve, sabemos que la nieve es mucho más blanca, cuando decimos que es dulce como la miel, bien sabemos que lo que nos gustaría catar sería la .dulzura de una auténtica miel. Por eso, al comparar la unión de los cristianos con Cristo sa– bemos que la realidad la supera. Estamos tan unidos ·con Cristo, que bien se puede repetir la frase de San Agustín "de que es más íntimo a nosotros que nosotros mismos". O lo que el propio Cristo anheló: "Que sean uno como tú y yo somos uno". Ese culmen de -262-
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