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chos pasajes de la Escritura la justicia de Dios se manifiesta en la tierra. Nosotros casi lo preferimos, por eso de que nos entra por los ojos, pero discurriendo nos damos cuenta de que es menos perfecta. , Sin salirnos del marco del profeta Daniel tenemos dos 1u1c10s famosos donde aparece patente la mano de Dios. Uno en el famo• so festín de Baltasar (cap. 5) con la trágica mano escribiendo "Me– né, tequel, parsín". Y el juicio de Daniel contra los ancianos que trataron de violar a la casta Susana y al no conseguirlo la acusa– ron calumniosamente. Dios intervino por medio de Daniel cuando Susana era llevada hacia la ejecución. Como vemos, todo queda aquí, y todo se resuelve de tejas abajo, aunque con la luz de Dios filtrándose por las rendijas de ese techo terrestre tan agrietado por las injusticias. Lo que Daniel nos dice en la liturgia de hoy dura para siempre. Es "vida perpetua" e "ignominia perpetua". Y aunque digamos como D. ,Juan ·•"si tan largo me lo prestas", habrá un día un cementerio y una mano de comendador justiciero que arrastre hacia el infierno, -el cual se insinúa en la lectura de Daniel- de manera irrevocable. Y con ese comendador eterno no valen sobornos. Eso no será una farsa co– mo la comedia. Será el momento más trascendental de cada alma. Para siempre. Esa es la cara negra. Pero nosotros queremos la cara amable, sonriente, paterna. ¿Por qué mi Padre Dios va a ser precisamente juez? Y El que es la Vida, nos dará la vida perpetua y feliz. De es– to nos hablará la Biblia. Pero no adelantemos acontecimientos. Daniel nos ha dicho ahora bastante. Tengámoslo en cuenta todos. Porque esa expresión de Daniel "muchos" bien sabemos que en el sentido bíblico quiere decir to– dos. Cristo dijo que su sangre sería derramada por "muchos", y bien sabemos que lo fue por todos. Otros pasajes bíblicos y evan– gélicos nos los aclaran. Y si como dice S. Pablo algunos no morirán, porque el fin del mundo los cogerá vivos, dice que todos serán juz– gados. Pidamos a Dios que cuando seamos pesados en la balanza "no seamos encontrados faltos de peso" (Dan 5, 27). -117-
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