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288 con.R.ESPONúENCIA DÉ LA M. AÑÚJ'lLÉS CON EL P. MA(UANO me apropiado la doctrina de este divino libro en sentido elevadísi– mo, tan elevado que ni la Santa Humanidad del Verbo pudo hallar lugar en mi entendimiento y voluntad en cuanto V. R. me habló, pues todas las veces que me habló del Verbo Humanado me vi for– zada a ver en su lugar a Dios Uno y Trino. Puede inferir de esto, Padre mío amadísimo, cuánto me gustará su escrito. Hace tiempo que andaba yo revolviendo en mi memoria la visión .del Ser divino que tuve hace dos años el día de Todos los Santos. Y preguntábame a mí misma: "qué será que tanto recuerdo yo está visión y siento deseos de engolfarme en ella", hasta que re– cibí su escrito y en él hallé la. explicación, que era que Dios Nuestro Señor me (quería) preparar con la memoria de la indic¡ ;i.da visión para leer con fruto su escrito. Cosa mejor no me pudo dar. Dios se lo pague todo. Desde los Santos Ejercicios acos.tumbro a preguntar a mi Dios: Quis dabit mihi pennas sicut columbae? (1), y pedir a Dios Padre me dé al Verbo y al Espíritu Santo para con estas divinas alas volar a El, a su Ser divino, que es la verdadera soledad por su simplici– dad divina. Pero no me había ocurrido nunca esperar estas alas de V. R., no obstante haber preguntado muchas veces por ellas y quién me las daría a Dios Padre, Verbo y Espíritu Santo; así que me he alegrado mucho de ver en su escrito que V.. R. me ha dado, da y dará estas alas. Dios se lo pague, Padre mío; ya procuraré aprovecharme bi.en de cuanto en su escrito me dice y dirá. 2. -L.as tentaciones de comunicar con otro sujeto distinto de V. R. desaparecieron tan pronto como indiqué a V. R. en mi última, cuyas tentaciones no eran de consultar mis escritos, sino de mani– festar mis temores y aprensiones de que peco en escribir, soy un alma hipócrita, embustera, etc., etc. Los deseos de escribir al señor Deán desaparecieron también en el momento que vi en su carta no ser voluntad de V. R. que le escribiera, quedando con la negátiva mucho más contenta que si me hubiese dado el permiso que solici– taba, pues cuando me niega lo que pido me convenzo de que Vues– tra Reverencia es mi Padre verdad, y si me dejase en libertad creería que no lo es más que a medias, y tendría ocasión el diablo para ha- (1) Salmo LIV, 7.
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