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270 CORRESPONDENCIA DE. LA M. ANGELES CON EL P. MARIANO me he alejado tanto, tanto, que vivo-al menos en mi espíritu o in– teriormente-segregada de todas ellas sin. querer trato. ninguno con ellas. Me dijo que era una tentación y un ardid del demonio para tal vez trastornar a la Comunidad, fomentar amistades particulares en– tre las religiosas y causar otros muchos daños; que lo rechazara como tentación y empezara otra ve~ a comunicar con las religiosas lo mismo que antes, etc., etc., hasta que viniera V. R. a Valladolid, y que después hiciera lo que V. R. me mandase. Salí del confesona– rio medio resuelta a hacer lo que el citado Padre me aconsejó, más que por otra cosa por ciertos temores que repetidas veces me habían asaltado de que sería responsable a los ojos de Dios de ciertos tra~a– jos que aprendí amenazaban a la Comunidad si ponía en ejecución mis proyectos de desentenderme del gobierno de la Comunidad, aho– ra con mi abandono y después, tan pronto como pueda, de hecho, renunciando el cargo. Pero es tanto lo que me he alejado de las re– ligiosas que no puedo, en manera algmia, volver a comunicar con ellas, como antes hacía, ni aproximarme siquiera, sobre todo algu– nas, pues sólo verlas parece que me hiere o lastima el alma por cier– tas cosas que me reservo para mi Dio,s, único confidente de mis pe– nas. Yo ya no suspiro más que por el clía en que cumpliré el trienio, o me veré•enferma en cama, para renunciar al cargo y dar un adiós eterno a. las religiosas, a quienes amo mucho, pero sólo en Dios y por Dios, y por. eso no quiero comunicar con ellas, sino en Dios; así que no puedo volver a comunicar con nadie porque es un tormento ·para mí. Pero no quisiera ofender a mi Dios, ni ser responsable a sus ojos, ni causa de ningún trastorno en la Comunidad, aunque es fá– cil que ésta tenga que sufrir algún trabajo, porque hace tiempo que no se ha dejado sentir en ella el azote del Padre de las misericordias, y alguna vez tendrá algo gue sufrir, pues siempre en prosperidad no se puede vivir en este mundo. En las próximas Témporas tendré que pedir de extraordinario a un sacerdote secular, pues de lo contrario no podremos confesar con V. R. en los vacantes de Navidad; y mejor podemos pasar ahora que entonces. Ya me· dirá lo que quiere que haga. Caso de pedir otro extraordinario, pediré a don Marcelino, y si V. R. viene des– pues para alguna comunidad, le pediré ad casum.

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