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CARTA cxtx, 9 SEPTl!lMBRI, x9u tante tener mucho en qué ocupar el tiempo en Dios y hallar mis de-· licias en su trato divino.. Si quisiera, Padre mío, dejarme vivir sola sin dirección hasta las Pascuas de Navidad para ver qué tal me va, parece que me gusta– ría; pero tenía para esto que abandonarme de hecho y prohibirme escribirle, pues de lo contrario estando así pendiente de V. R. no puedo, porque hay un no sé qué que me ata a V. R. y no me deja vivir libre e incomunicada. Lo propio me pasa con respecto a escri– bir: aborrezco este empleo, lo temo como el infierno por aprender en él mi condenación, y a pesar de esto siento una cosa que me lleva, ata y esclaviza con lo mismo que yo tanto aborrezco y; temo, y me ·obliga a exclamar: "Voy, voy a escribir, no sea que me muera pron– to y quede por terminar... "; como si el escribir mi vida fuese un deber que debiera cumplir antes de morir. No sé si me explico. Cuando me veo impelida a abandonar la dirección pül'. librarme de escribir y digo: "Sí, sí, Dios Nuestro Señor lo quiere; así voy a .vivir sola sin dirección", paréceme siento en el fondo del alma un no sé qué, o sea, una necesidad apremiante de escribir que me hace creer imposible la vida sin escribir, y que aunque viviera sola, como digo, tendría que escribir; y en seguida me vienen así como deseos de reanudar cuanto antes mi trabajo y terminar de escribir' mi vida, para después escribir aquellas cosas que me indican en el fondo del alma me apremiará Dios a escribir. No sé si me explico. 4.-Vamos ahora a otra cosa. El miércoles no pude confesarme cuando la Comunidad por estar enferma en cama, y como el confesor . no pudo venir el sábado, por estar en la novena de la Patrona, tuve que llamar a N. para confesar porque creí que sin confesar no ga– naría la absolución general. No le dije nada acerca de mis temores, f:tcétera, etc.; pero sí le dije que me dirijo con un. Padre de la Orden que viene casi todas las Témporas a confesar a la Comunidad. Al acusarme de mis faltas le dije que tenía muchas faltas interiores, re– firiéndome a la indiferencia o no sé qué que siento hacia las religio– sas; y para explicarlo mejor, díjele que había vivido en íntimas re– laciones con las religiosas, pero que he aprendido que perjudica a éstas mi trato, y como yo no trataba con ellas sino por creer que les haría un bien, al persuadirme de lo contrario, he huído de todas y

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