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CARTA CXI, II JUNIO r9r2 2 49 alto; pues, como V. R. me decía en una carta, todos los días del año están dedicados al culto de la Santísima Trinidad, y de un modo especial por esta alma pecadora, que, aunque tan perversa, no piensa más que en amar a Dios y festejar a la Santísima Trini– dad, regalándose día y noche con las tres divinas Personas que hacen su felicidad en la tierra, como espero harán después en el cielo. Por esto mi Dios querido todo el al'ío me ha regalado y favo– recido como ha complacido a su Bondad, y cada vez más; así que estoy de una manera que no puedo fijarme en Dios sin que sienta ansias de muerte y angustias de amor, y quisiera mi alma meterse debajo de la tierra, aniquilarse o no sé qué de un sentimiento de humildad, hija de un ardiente amor y celo de la gloria de Dios: que la obliga a desaparecer aún de su propia vista para hacer que sólo Dios (el Dios que tanto me ama y favorece) subsista. Dé, amadísimo Padre mío, gracias a Dios por sus bondades conmi– go; pues es grande su misericordia con mi alma pecadora. 2.---Como hace tiempo que no me visita aquel que V. R. llama "Aminadab", soy muy obediente y estoy en condiciones de recibir la gracia y dones que en la suya me indica quiere comunicar cons– tantemente a mi alma; con que no se descuide. Si viera, Padre mío, qué contenta estoy desde que leí en su grata que toda la vida quiere ser el Padre tantas veces prometido por Dios y pedido por mi alma, y que me va á comunicar constantemente y sin interrup– ción la gracia divina, así como Dios se derrama y comunica cons– tantemente en sí mismo... Ya estaba contenta antes, porque los efectos de los favores que he recibido de la infinita bondad de mi Dios en las dos visitas últimas de V. R., o sea, por las Pascuas de Re– surrección y Pentecostés y el día de la Santísima Trinidad, por no decir toda la semana de Pascua del Espíritu Santo, continuaba ex– perimentando en mi alma; cuyos efectos son como otras tantas rocas en las cuales se estrellan todas las olas de las tentaciones que se le– vantan en mi alma o sugiere satanás contra la obediencia y dirección. Pero desde que recibí su carta estoy mucho más contenta, porque veo confirmado en ella todo lo que veo o entiendo en Dios y porque es el conducto por el cual me comunica el Señor sus gracias, el cual espera siempre a que V. R. me escriba o hable para entrar en nuevo trato o comunicación con mi alma. Cuántos recuerdos ten-

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