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22:;a CORRBSPONDENCIA DR LA M. ANdÉL!,S éóN' llL P. MARIANO El estado en que viví en el indicado tiempo fué parecido al que le indiqué (me parece) en una carta que le escribí hace un año poco más o menos, en la que le decía que mientras mi alma, en cuanto a la parte inferior, padecía y se desahogaba con V. R. comunicándo– le sus miserias y sufrimientos, la misma alma (en cuanto a la parte superior) gozaba de una paz inalterable y permanecía abrazada a su Amado, como si fuera un alma bienaventurada, contemplando sonriente los trabajos y fatigas, intranquilidades, temores, zozo– bras, etc., etc., que sufre y pasan en la parte inferior de la misma alma, y como ansiosa de disuadir a V. R. de lo que áprende cuando escucha los trabajos que esta parte inferior le comunica con el re– lato de los bienes que ella goza en su unión con Dios. ¿Se acuerda de esta carta, o de lo que le indicaba en ella? (1). Pues un estado de goces y sufrimientos parecido a éste tuvo mi alma desde julio de 1907 hasta 1910, mejor dicho, casi toda mi vida religiosa/ pero de un modo especial en el período de tiempo indicado. ¿Cómo, pues; daré a conocer y relatar dos vidas en. una, mejor dicho, dos almas, al parecer tan contrarias, una bienaventurada y otra paciente, má– xime siendo ambas almas de tanta potencia y vida y tan activas en su distinto modo de recibir, padecer y obrar? Yo no sé. Pues siem– pre que me he visto precisada a relatar algún estado o período de sufrimientos en mi escrito, me he encontrado con esta dificultad y me he visto y deseado para acertar y poder consignar en el rela"' to de mi vida las distintas operaciones de estas dos almas (ó patte superior e inferior del alma) en un mismo tiempo, sobre todo eh período de sufrimientos en los cuales (a excepción de alguna que otra vez, rarísimas) he recibido siempre muchos favores desde .lós veintiún años de mi vida. Decir que estoy sufriendo horrbres y probarlo indicando los m:otivos; y decir que al tiempo mismo que sufro estos horrores, estoy viendo a Dios hasta en las hojas de los árboles, tejas del tejado y cantos de la huerta y gozando lo indeci– ble, etc., etc., como he vivido, parece un contrasentido. ¿No le pa– rece? Con esta misma dificultad me encuentro ahora, no sólo en lo que me resta escribir del relato de mi vida hasta julio de 1910, o (1) Esta carta está fechada el 1 de mayo de 1911. Véase t. I, p. 283.

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