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CARTA XC, 22 ENERO 1912 ¿cómo? (Con el gusto q_ue las reses al matadero! ¡Pobrecitas, cuánto sufren! ¡Y cuánto sufro yo con ellas! Si fuera cosa de un mes, me conformaría. Pero es tanto lo que tengo que escribir, que, ¡ay, Dios mfo!, sólo pensar en el tiempo que me llevará sacar todo eso de mi cabeza, o de donde esté metido, me produce calentura. Pero estoy conforme; sólo desearía poder descansar en Dios los ratos que no escribo, o sea no acordarme de ello, pues aunque santo y bueno, tanto yo me fatiga y cansa, porque no quiere mi alma ver más que a solo Dios, perdido de vista el yo. · En su carta de hoy no me ha impuesto penitencia; lo que siento en el alma, pues me suele estar muy bien. Su hija que mucho le ama, Sor Angeles. Dispense lo mal que escribo.

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