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180 CORRESPONDENCIA DE LA M, ANGELES CON EL P. MARIANO 2._:_-Allí me entregaron su carta y la leí a presencia de mi Dios querido. Sí, de mi Dios querido, Padre, Hijo y Espíritu Santo, a quien debe mucho mi pobre alma. Y leída la carta resolví indicar hoy a V. R. lo que había pensado y deseado mucho decirle esta mañana de seis y cuarto a siete u ocho, sobre todo a las seis y media de aquí, al depositar mi corazón y mi alma y mi ser entero en la hostia o forma que V. R. ha consagrado hoy y convertido en el cuerpo y sangre de Jesucristo, mi Dios. Y es que siento así como ansias o una necesidad grande de unirme con V. R., de que se identifique mi alma con la suya, o no sé qué; y para esto de quitar los óbices que impiden esta unión. En estas ansias que a presencia de mi Dios he sentido muchas veces y siento de identifi– carme con V. R., veo en confuso cierta cosa que se interpone entre mi alma y la suya, lo cual me impide el cumplimiento de mis deseos y ansias de unirme a V. R. y en V. R. a mi Dios para ser en adelante una misma cosa en Dios y con Dios, y no tener necesi– dad de salir de Dios para recibir la vida divina que el misMo Dios me comunica por medio de V. R., ni de salir de mí-,-de la partP superior del alma, se entiende--para buscar a Dios y a V. R., pues veo que en ninguna parte hallo mejor a Dios que en mi propia alma-si es que está en mi alma el luminoso lugar en que habitual– mente trato y veo al Señor. Ese muro de división o cosa que se interpone entre V. R. y mi alma, no sé si serán mis aprensiones o el tratamiento de V. R., o ambas cosas. Y digo que el tratamiento de V. R., porque no encuen– tro fuera de esto-y de mis aprensiones-otra cosa que me impida dicha unión; y porque al mismo tiempo que las ansias indicadas, siento una como necesidad muy grande de que V. R. me trate con confianza y cariño (1). Y si me sucede esto cuando estoy contem– plando a Jesús glorioso en el cielo o en la divinidad, y recuerdo ciertas frases de la carta que me escribió V. R. por las Pascuas de Resurrección, se eleva mi alma a Dios de un modo divino. Como me ha creado Dios única para él único, y no me ha dado más que un talento, un solo pei1sarn.iento, un solo amor, en verdad que deseo mucho quitar todos los óbices que me impiden unirme (1) Véase Una flor siempreviva, pp. 68-70.

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