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MISIONES CAPUCHINA$ EN ÁFRICA t,enia la armada francesa en las costas de Génova con mira de coger el nuevo bajel con las muchas y ricas mercancías de que iba cargado, ha– biendo pocos días antes dado caza a siete gal,eras de Nápoles y a Jua– netín Doria, su general\, hasta casi dentro <lel puerto de Génova, rece– ló iel capitán algún mal suceso y así- resolvió prud,entemente detenerse algunos días hasta que, enterado de que los franceses se habían retira– do a Tolón, determinó hacerse a la vela a once de septiembr,e de 1648, rogando a los religiosos que se embarcasen dos días antes. 3.-Hízose esta función con devota solemnidad, acompañando a los misioneros procensionaTmente los religiosos del convento de fa Purísi– ma Concepción y J,a mayor parte de la nobleza de aquella ciudad en barcos y falucas que ap11estaron para e:1 caso. Apenas llegaron al ga– león cuando una marita que corría se convirtió en tormenta espantosa, que duró do s días, en los cua!les no habi,endo concluído el capitán sus negocios y siendo preciso el detenerse más tiempo, considerando et Pa– dre Fr. Angel el daño de cualquier det,ención por corta que fues,e, para negociar en Madrid la segunda embarcación para los del Congo, y viendo que partía de Génova para España Don Francisco de Andra:da y Castro, Arwbispo de Palermo y el,ecto Obispo de Jaén, volvió a tie– rra y !·e suplicó se sirviese de admitirJe en su navio. Aceptó el mego este Iil~no. Prelado, esclarecido en sangre, en Ietras y en religión, y, unilendo Ia piedad con la grand,eza, tuvo a su mesa todo el viaje a los Padres Fr. Angel de Valencia y Félix dé Mons, asistiéndol,es en todo con regia magnificencia. 4.-Li]egaron a Valencia felizmente y desde allí v1111eron a Madrid. En el conv•ento ele San Antonio se repararon algunos días de las fati– gas de tan largo viaje y l'uego pusieron en •ejecución la pretensión de los bajeles y navíos necesarios para la conducción de ambas misiones. Para e1 mejor efecto de ella fué el P. Fr. Angel a visitar a] Nuncio de Su Santidad, Don JuQio Rospigliosi, Arzobispo de Tarso; presentóle las cartas de recomendación' que trajo -dd Pontífice y de la Sacra Con– gregación para que favoreciese la causa de la misión con nuestro Rey Católico. 5.-Por este medio tuvo ei P. Fr. Angel aud~encia con S. M. y puso en sus reales manos el Breve de S. S., en el cual repr,es-entaba los be– neficios que los r.ey ,es del Congo habían recibido de los serenísimos Re– yes Católicos, sus gloriosos prog,enitores, pidiendo los continuase con el rey presente, confiando de su reail, celo y grandeza y <le lo que le de– bía la religión católica, ampararía esta misión. Con el' Breve acompañó
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