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302 MISIONES CAPUCHINAS EN ÁFRICA trata de vivir en pure•za contentándote con la mujer propia; y si no lo ha0es, sabe que vas muy presto a pade0er eternamente en los in– fiernos.» 20.-Dijo estas palabras el Señor con rara severidad y fuego desapa– reció la visión ; pero quedó el hombre tan compungido por una parte y tan temeroso por otra, que luego inmediartamente envió a llamar al confesor y públicamenk se confesó de sus culpas con gran dolor y arrepentimvento. Despidió la manceba y contó lo que había pasado a fos circunstantes y de allí a pocos días, ,estando ya muy er1mendado en la vida, permitió Dios perdiese e1 juicio, disponiéndolo así su Majes– tad por ser infinita su misericordia, a lo que se puede creer piadosa– mente para que no tuviese ocasión d•e perder en adelante su amistad y gracia, según lo que dice del justo el 1 liibro de la Sabiduría, es a saber: Placens Deo factus est dile'Ctus, et virvens inter p.eccatores translatus est. Rap/tus est ne malitia mutare>t 1,ntellectum ej1~s, aut ne fictio dwi– peret aniinwm illius (93). (H3) Sap., 4, 10.
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