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MISIONES CAPUCHINAS EN ÁFRICA estas cosas para que las predicase, y, hallándome entonces sin habla y sin vista, me dió el mismo ángel la hierba nmonsusu (es del paí-s y a modo de albaca), con la cual dijo me tocase los ojos y la garganta; hícelo así y con eso pude ver». Hasta aquí la visión. 10.-Refería estas cosas la mujer temblando y de allí adelante siempre que oí-a nombrar las penas del infierno, comenzaba a llorar amargamente y a estremecérsele eJ cuerpo. Oyó el P. Fr. Francisco de Veas toda su rel'ación y dándole sobre ella la doctrina conv,eniente, la dejó y se volvió al convento. El día siguiente, con deseo de informarse mejor del caso, hizo nuevo examen dicho Padre y por no estar muy versado en la lengua, llevó consigo un intérprde; mandó a la mujer que en su presencia le refiriese lo que le había comunicado el día an– tecedente; obedecídole luego e hizo la misma relación con toda pun– tualidad, padeciendo entonces los temblores y estremecimientos que la vez primera. 11.-Informado el P. Fr. Francisco a su satisfacción, comunicó el suceso con el Prefecto y demás religiosos, los cuales hicieron examen de la materia y hallaron habE.'r sido cierta la visión y revelación. Lo primero porque en sujeto tan sencillo no cabía relación tan concordada y de cosas tan notables, hablando na,turalmente, pues no hacia poco en saber bien las oraciones, cuánto más distinguir los dos caminos, ancho y angosto, con las otras circunstancias. Lo segundo, porque son muy propios ,ekctos de semejantes comunicaciones los temblores y desfa– llecimientos, que le causaban las especies que le quedaron impresas en el alma, así ·del juicio como del infier:no y de los dos caminos. Lo t<er– cero, porqut' estos favores soberanos los ordena Dios regularmente para mayor utilidad espiritual de las almas, y en esta muj,e:r hizo tal operación la comuncación rderida, que de allí adelante vivió con mucho ejemplo. Lo cuarto, porque desde entonc,es se comenzaron a verificar las cosas que le anunció el P. Fr. Buenaventura de Cerdeña, para sí y para los religiosos, pues desde aquel ,día sitmpr;e estuvo enferma y con grandes dolores, que sufrió con admirable paciencia y resignación hasta la muerte. También comenzaron desde entonces las persecucionE.'S y és,tas fueron de la calidad que veremos más adelante ; por todo lo cual y el examen siguiente conocieron haber sido de Dios la visión y reve– lación y no fraguada por el enemigo ni imaginada por la misma mujer. 12.-Pasado a~gún tiempo llegó a San Salvador el P. Fr. Antonio de Teruel y, ya noticioso del caso con la ocasión siguiente, supo de la misma mujer cuanto se ha referido. Salió dicho Padre un día a nues-
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