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LA MISIÓN DEt CONGO 297 culpas con lágrimas y suspiros, no le valieron sus ruegos, porque le ftté respondido que ya no era ,tiempo de misericordia, sino de justicia, y asi aquellos ve.'rdugos la arrebataron y s.e la llevaron al infierno. 6.-,«Concluido este juido, comenzó el. divino juez a pedirme cuenta de mi vida y a hacerme cargo de todas las culpas que había cometido y omisiones que había tenido, especialmente en rezar el Rosario de la Virgen de cuya congr,egación soy hermana. Yo no hallé qué respon– der y, viéndome conv,encida y lo que hab~a pasado, comencé a tem– blar, juzgando suceded-a de mí lo que de'f alma del otro pecador des– dichado. Pero no fué así, porque tuve ,en mi favor ,el haberme confe– sado de todas mis culpas con verdadero dolor y haberme aplicado el Padre algunas indulgencias ; con esto me' dieron por libre y yo quedé muy alegre y gozosa. 7.-«Después se acercó a mí el P. Fr. Buenaventura de Cerdeña y me animó y consoló mucho, diciéndome que sufriera con paciencia la enft'rmedad que me sobr,evendría desde entonces, porque Dios me que– ría nevar por camino de espinas y trabajos, como el que había visto, .antes de llegar am, para que, en muriendo, vaya derecha mi alma a go– zar de aquella gloria y bienaventuranza. Añadió después: «Dirásies a mis hermanos y compañ.eros los misioúeros que se alienten a llevar con amoroso sufrimiento los trabajos que padecen y las persecuciones que han ,de tener ; que no desmayen en lo comenzado, porque Jes ti,ene el Señor aparejada grande gloria.» ·s.-«Acabado esto, que apenas duró el espacio de un Avemaría, me cogió de la mano ,el mismo ángel S. Gabriel, yendo delant,e nuestro S. P. S . Francisco , como al principio, y me llevó por un camino muy ancho y espacioso y ,tan trillado de los muchos que por él pasaban, que no s,e veía en él ni siquiera una hierba . Llegamos al término y halla– mos en él un despeñadero tan grande, que ponía grima, debajo del cual había un foso tan profundo que sólo el mirarle causaba horror. Allí vi confusamente infinita multitud de condenados , cuyas penas eran atroces, y tantas que no se podían comprender. 9.-«Las tinieblas de ,este lugar desv,enturado eran espesas, que no daban lugar a que s,e viese cosa alguna distintamente ; sólo se oían llantos y g,emi<los tristísimos que melancolizaban; mas con todo eso me fueron mostradas muchas almas de gente de esta tiúra, que e!staban aUí por los pecados de amancebamientos y hurtos. Apartóme el ángel de este sitio y me dijo que enviase a llamar a mi confesor y le r•efiriese
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