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LA MISIÓN DEL CONGO habían sido otras muchas que Jes habían da<lo sobre .el caso en vadas ocasiones, y así no les par,eció acertado el confesarlos por no contra– venir a lo que nos enseñó Cristo bien nuestro cuando nos dijo: No.tite dar'.e' S>anctum canib1u neque mittatis m<11rgaritas ante, p.orcos . Y así lo que hicieron fué r,epresentarles el peligro de la vida y riesgo conocido en que se hallaban de perder stts almas por la falta de v,erdadera con– trición y propósito de salir del mal •estado en que viví,an, y que en casJ tigo ele sus culpas sería muy posible que per<lies,en la batalla y murie– sen todos. «No puede ser eso -dijE,1ron-, porque nosotros llevamos el Rosario al cuello y los contrarios no acostumbran a traerlo así, y por tanto confiamos en .Dios de conseguirla.» Respondieron los Padres di– ciendo : «Bueno es eso si juntamente tratáis de reconciliaros con Dios de verdad; pero importa poco llevar el Rosario al cuello, cuando tenéis voluntariamente ,en el alma y tan de astento al demonio ; y así para que eJ Rosario os aproveche es necesario lanzar de vosotros primero al demonio .» 19.-Na:da d•e esto fué bastante para reducirles a verdadera peniten– cia y, como estaban tan resueltos a salí;· a la guerra sin aguardar más razones, tocaron a marchar y se fueron de la banza ,en busca del con– de de Huandu. En partiendo de la panza determinaron los Padres, reco– nociendo el gran peligro de su salvación, que a lo menos el uno fuese en su seguimiento para prndicarles antes de la batalla y exhortarlos a v,erdadera penitencia y, d espués d,e un acto krvoroso de contrición, ab– solverlos en la mejor forma posiple, pues sería dable se arrepintieran de corazón, viéndose ya cercanos a Ja pelea. Fué a esta función el Pa– dre Fr. Antonio de Teruel y los haHó acuartelados cerca de una po– blación al abrigo de sus barracas formadas de ramos, que es lo que les sirve <Ie tiendas de campaña. 20.-Alli supo el Padr,e cómo estaban resueltos a volverse, tomando por pretexto que no tenían orden del rey para pasar a:delante o por otros motivos que ellos no quisieron declarar. Por esta causa se volvió el Padre y ies dejó, pero, porque su buen celo no quedase sin premio y no volviese sin triunfo de la guerra y las manos vacías de despojos, le concedió Dios :E.'! ganarle un alma que, acabada de bautizar, se fué al eterno descanso, ,en lo cual se vie lo que E's la fuerza de la predestina– ción y los inescrutabl,es juicios del Omnipotente en sus caminos y dis– posiciones, pues, habi,endo llegado este religioso a la libata, vecina al ejército, con ánimo de dar la vueha al Encusu y tomar la mañana, se recogió aquella noche temprano. Apenas comenzó a dormir, cuando

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