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.MISIONES CAPUCHINAS EN ÁFRICA se dirá en ·el capítulo siguie·nte con la extensión que piden los sucesos memorables que allí se refieren. 15.-Ahora concluiremos éste, dando noticia de la ocasión de la gue– rra que se movió contra el conde de Huandu, a quien fué a confesar el Padre Fr. José de Pernambuco, pues toca en la misma materia pre– sente y no hace aJ caso para adelante. Ya dijimos cómo la reina Zinga había conseguido la victoria y muerto al conde de Huandu con muchos de sus soldados y lo que suc-edió después de esta derrota. Partióse la Zinga con su ejército después ,de haber vengado su agravio y, viendo los de Huandu que se hallaban sin cabeza que los gobernase, se reduje– ron <le los montes adonde se habían r-etira,do y se volvieron a la banza, convocaron los fidalgos de la provincia y trataron de elegir conde. 16.-Los pretendientes principales eran dos hermanos del conde di– funto, o porque realmente -eran sus hermanos o porque eran parientes muy cercanos, que en este reino acostumbran a llamar hermanos a to– dos los parientes, aunque con alguna diferencia, que no es fácil de en– tender . sino d·e quien fuese práctco en la lengua . De estos dos herma– nos eligió la provincia por su conde al menor y 1e dió luego la pose– sión; en el ínterin ie1 mayor, viendo que no había de negociar nada con los paisanos, se' fué a San Salvador y se casó con una parienta del rey, juzgando negociaría mejor por esta vía, como le suc-edió, pues, sin em– bargo de haber elegido la plebe a su hermano, por no haber confirma– do el r,ey la elección, le nombró por conde a él y le dió licencia para que fuese a despojar del estado al electo. 17.-Dispúsose el conde para la defensa y juntó hasta mil hombres de guerra, pero, pareciéndo}e ser número corto para invadir al ejér– cito contrario, se valió <le la amistad que tenía con e1 marqués de En– cusu y le pidió socorro. Fueron éste y sus fidalgos a consultar con los Padres ,este negocio y a tomar su ,parec-er ; la r•espuesta que se les <lió fué decirles que, si salían . a la guerra, a que les veían determinados, tratasen prime'ro de ponerse bien con Dios ; que dejasen las concubi– nas y se casasen como .Dios manda, y que después se preparasen con los Santos Sacramentos de 1a Penitencia y Eucaristía, por ser tan in– ciertos los sucesos de las guerras y tan de ordinario morir en ellas los que las hacen. 18.-A esto respondieron los fidalgos diciendo que los confesasen por entonces y que, en volviendo de la guerra, se casarían. Conocieron !os religiosos que todas si,ts pafa,bras eran de ctJmplimiento, como lo
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