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LA MISIÓN DEL CONGO ella y pudo después componer varios papeles y libros para alivio de los misioneros nuevos (89). 13.-Trabajaron mucho estos dos religiosos por espacio de un año en este marquesado y, aunque con poca gent-e, hacían siempre los mis– mos ejercicios cotidianos que en San Salvador, a los cuales asistía or– dinariamente el marqués; pero los vasallos, como indómitos e inclina– dos al ocio, no ocudían con traza y así era necesario llevarlos por fuer– za a la iglesia. La pobfación de Encusu es la mayor del r,eino después de la de San Salvador . y todos los naturales de esta provincia son no– tablemente inclinados a bailes y a la ociosidad. Cekbrábanles cada no– che con tales gritos y rui-dos de los golpes que se daban en los brazos, que no dejaban pegar los ojos a los rdigiosos. Muchas veces salían ellos con las disciplinas en Ja mano, a fin de' estorbar tan mala vecin– dad y tan perjudiciales bailes, pero, viendo que se acercaban, echaban a huir y ·se iban a proseguir a otra parte. 14.-Cuando les exhortaban a que dejasen las mancebas y se casa– sen, ofr,ecían hacerlo pero, en llegando a la ejecución, se retiraban del caso, dando buenas -esperanzas para adelante. El último suceso que ref.erimos de esta misión en otra parte, -de la mujer que se separó de su marido por las sospechas que de él tenia, fué ejemplar tan pernicio– so, que de allí en adelante no hubo forma de que s-e casase otra por temor de que les hiciesen traición los maridos. Con esto y no dárs.eles mucho a ellos por vivir más al son de sus torpes apetiitos, s,e consiguió poco fruto y vivían los Padres con algún desconsuelo entr-e g,ente tan obstinada. Pero por el mismo tiempo los consoló nuestro Señor para que -en medio de su trabajo y aflicción no d-esfallecies-en y pudiesen per– s-everar gustosos, esperando el premio de sus trabajos de su poderosa y liberal mano en la bienaventuranza. Cuál y cómo fuese este consuelo (89) El Vocab1tlar-io de que aquí se habla y del que también dan noticias otras muchas relaciones, se compuso en San Salvador; de él sacaron 1.uego copias los dis– tintos misioneros para su uso y 1a única copia que se conoce es la que ,para sí hizo el P. Jorge de Gela, capuchino flamenco, del que luego hablaremos. Dicha copia se conserva en la B. N . de Roma (Fondi Minori, 1896, Mss. Varia, 274). El mencionado vocabulario era trilingüe, como ya dijimos, y ftté compuesto por Don Manuel Robo– redo y por los Capuchinos españoles, sobre todo el P. Buenaventura de Cerdeña. En 1928 y con el título Le plus ancien Dic-tionaire Banti, publicaron ese texto los jesuítas J. Van \iVing y C. Penders, pero no conforme al original sino en congolés, francés y flamenco · (Cfr. nuestro artículo arriba citado). Aparte de eso el P. Antonio de Teruel compuso más tarde otro Vocabulario más completo y además cuadrilingüe: Latín, . castellano, italiano y congolés. Compuso asimismo otros muchos :libros para uti,lidad de los fieles, según abajo indicaremos (Cfr. también nuestro artíc1Jlo mencionado). 19

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