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z88 MISIONES CAPUCHINAS EN ÁFRICA yo, se partió luego a buscarlos y, sabiendo habían entrado en Zambo, hizo las diligencias para co_brarlos. 10.-Llegó a pedítt"se'los a los que los habían acogido en sus casas y, por no querérselos entregar, se vió forzado a ponedes pleito sopre el caso. Acudió con la demanda al juez y, estando éste sentado en mi– tad de la plaza y rodeado de• gente como se acostumbra, alegó sus ra– zones y también la parte contraria, porque en este reino cada uno de los litigantes es procurador y abogado de sí mismo y los juicios se fe– necen tan presto como se comienzan. Halló el juez que el criollo tenía justicia y, estando ya para pronunciar la sentencia en su favor, vieron repentinamente oscurecerse el sol y llenarse de• nubes negras y muy es– pesas ,el cielo y que se acercaba a ellos un recio torbellino de aire y de agua. 11.-Causóles a todos increíble pavor el accidente y, armándose el criollo con la señal de la cruz, invocando muchas veces ,el nombre dul– císimo de Jesús, se volvió hacia lo más denso del nublado y le puso delante la cruz. Apenas la hubo formado, cuando se deshizo como humo. Cesó la tempestad y se dividieron en cuatro partes las nubes, atribuyendo el criollo suceso tan repetino y maravilloso a la virtud de la santa cruz y a la eficacia del nombre santísimo de Jesús que se la comunicó, muriendo en ella para nuestro remedio, y la venida de la tempestad, a algunos hechizos de los contrarios para que con esa oca– sión tenüese el juez y no diera la sentencia contra ellos. Halló después haber sido esto asÍ: y por librarse de• tan maldita gente tuvo por bien de venir con ellos a concierto, contentándose con el uno de los esclavos y dejándoles el otro. 12.-Pasó el P. Fr. Antonio a Encusu a 3 de octubre del año de 1650 y le recibió su compañero Fr. José de Pernambuco con grande júbilo espiritual, por hallarse solo con un religioso lego que asistió allí poco tiempo y haber mucho que trabajar e:n aquella misión. El intér– prete se le había ido a San Salvador, con que fué preciso valerse de su habilidad. Con esta ocasión comenzó el P. Fr. José a predicar por es– crito en lengua del paÍ:s y fué tan importantE,1, que en poco tiempo la llegó a hablar con perfección. Al P. Fr. Antonio le sucedió lo mismo y, valiéndose de un vocabulario que habían hecho otros, en el ínterin que su compañero fué a confesar al conde -de Huandu, que le envió a llamar para prepararse con los Santos Sacramentos, antes de salir a campaña contra cierto fidalgo que se le habí-a levantado en el estado, se aplicó al estudio de' la lengua con tal cuidado, que se hizo dueño de
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